lavanda-lavandin

Lavanda, lavandín quién te cocina a ti.

Lavanda, lavandín quién te cocina a ti.

Lavanda, lavandín quién te cocina a ti. lavanda-lavandin En las tierras de Provenza, las agricultores, cultivan una aromática especie, llamada lavanda, su color y aroma, atrae cual sirena a marineros pero los agricultores pasan más tiempo con este especie que con su propia familia, por lo que es normal que los hijos se críen en los campos, es lo que le paso Geneviève, hija de un agricultor de ojos grises, piel blanca y pelo cobrizo, le encantaba perderse por los campos de violáceos mientras con sus manos tocaba y apretaba las flores para extraer su olor, frotándose luego las yemas de los dedos y soñar que delicias podía crear con este aroma.

Pasaron los años, y una noche de luna llena, Geneviève se desveló, no podía dormir, tomó su bata de raso, se ató el pelo en un moño caído y bajando las escaleras del caserón a la luz de una vela, se quedó en la cocina. Encima de una mesa robusta de olivo, se encontraba un ramo recién cortado de lavanda, la cocina estaba envuelta en su olor, y como una droga la llamaba a acercarse a tocarla, las sombras de la lavanda jugaban con la llama de la vela y el aroma se entrelazaba con el aire, Geneviève por un momento pensó que interrumpió el encuentro amoroso entre el fuego y la lavanda. Fue en ese momento dónde un ruido rompió la paz de la estancia, dirigiéndose al mismo, descubrió a un joven español que se encargaba de la sesión nocturna. Desde una ventana le observó, iluminado por un candelabro, a juzgar por sus movimientos, el joven buscaba una nueva variedad de lavanda, mientas lo hacía cantaba bajo las estrellas, y entonces sus miradas se cruzaron.

Todas las noches, los jóvenes amantes se encontraban, separados por una puerta, apasionados por la lavanda, él le contaba las diferentes especies que existían con sus olores y sabores, y ella por su afán de descubrir nuevas recetas. Risas, estrellas y olores rodeaban a la pareja. Pero su amistad, la que unen dos jóvenes sin picardía, y con ingenuidad, se vería truncada, pues una guerra estallaba en España. Y la obligación se anteponía a la propia devoción.

Fue la última noche, antes de que el joven tuviera que irse, cuándo él, toma la mano de Geneviève, y la llevo a un parte del campo, iluminado con el candelabro, la beso, pero no la tocó, sabía bien que el destino abría preparado a Geneviève, un plan perfecto, y él como amigo, no quería truncárselo, iluminando una parte del campo, descubrieron lo que durante un año el joven muchacho consiguió, una nueva variedad de lavanda, su color era fuerte ya no era violácea sino azulada con destellos magenta, su olor ya no era fuerte o intensa propia de la lavanda sino dulce se mezclaba con la saliva y creaba una sensación dulce. Así que Geneviève corto unos ramilletes y juntos se fueron a la cocina. Esa noche, fue noche de cocción, de mezcla y de sabores y así se elaboró esta famosa receta que hoy os mostramos en el artículo de Pastel de pera y lavanda.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies